dimecres, 4 de març del 2009

Crisis en Lepe (2)

Acostumbro a tomarme un día a la semana para dar mi paseo tranquilo por el pueblo.
Dependiendo del día, del tiempo y de las ganas, me llego a traspasar más de medio pueblo o bien me quedo en el ámbito reducido de nuestra vivienda. 
En uno de estos paseos "cortos" para sacar dinero y comprar cuatro cosas de necesidad, en el cajero me encuentro a una pareja que según comentan tienen hijos. Él habla con su pareja acerca de la reestructuración de plantilla a la que se verá sometida su empresa distribuidora de una conocida marca de repostería nacional: "en total unos ochocientos trabajadores en toda España... imagínate cuánto dinero se van a ahorrar, entre sueldos y gasolina de estos trabajadores despedidos... en Huelva van a caer ocho, y no sé si me tocará a mí", comentaba resignado, contemplando como todo su trabajo de este tiempo para atrás no servía para nada. Además parecía entender que esa supresión de empleos era lógica tras el descenso de ventas generalizadas, y de esta manera podría trabajar aún unos cuantos de sus compañeros, o quizás él mismo.
Creo que este hombre entiende bien que el principal derecho del trabajador, el que lo define como tal, es a trabajar en concreto -no en abstracción pura de concepto o de palabra-. Porque el derecho del trabajador no se resume como derecho a cobrar el subsidio... debe ser considerado como una medida temporal, y el político debe encargarse -espabilarse- para crear empleo, y no para llenarse los bolsillos de dinero de todos los contribuyentes o bien financiando empresas de amigotes o familiares.
Quizás también esperaba que teniendo dos años de paro, el temporal se habrá calmado y podrá volver a trabajar.
Así lo espero.