dissabte, 21 de febrer del 2009

Acerca de los medios

(propuesta a Jorge y su visión cognoscitiva de la televisión)

Es una discusión antigua el estatuto del arte en el ámbito cognoscitivo, es decir, qué nos puede aportar el arte como creación humana para conocer.

Mientras que para Platón el arte es engaño ya que tan sólo aparecen imágenes combinadas con apariencia de verdad, para Aristóteles el arte permite un conocimiento “mimético”, es decir, traduciendo –y sabiendo que toda traducción es en cierta medida traición al original-, imitación. Pero esta imitación permite al alma vivenciar ciertas situaciones, ponerse en la piel del personaje y llegar a experimentar las reacciones ante esa circunstancia. Si uno escoge apropiadamente el arte éste puede llegar a ser  educativo. De hecho, toda imagen es educativa en su sentido etimológico, “e-duce-re”, dirige a quien la ve hacia cierto lugar, cierta experiencia en la que se incluyen aspectos cognoscitivos, valorativos y actitudinales. Luego dependerá del criterio de cada uno, de la matriz interpretativa en la que se encuentre para sacar sus conclusiones; aunque es obvio que en infantes, ese criterio es nulo puesto que su mente está en la fase de acopio de imágenes y referentes, y en estas edades lo que acostumbra a suceder es que uno se identifica con las imágenes, aun no es capaz de "especular", mirar desde arriba.

Acerca de lo dicho acerca de Aristóteles cabría acotar su alcance: no sé si es posible vivenciar el hambre, la pérdida de un ser querido, o más bien Aristóteles se refiere a la serie de sentimientos que se podría despertar en nosotros tras ver esas situaciones, y de esta manera conocernos mejor y evitarnos la experiencia en concreto –recuerden la cita de Jordi en el Facebook, de Confucio-. Pondré un ejemplo válido: en nuestras escuelas creo que la mejor herramienta (aunque la más bestia por su vivencialidad, y claro como “aun son niños”) para luchar contra las drogas y la seguridad vial es llevar en directo a personas que han sufrido y que cuenten, narren (a la distancia de una performance) sus vivencias, testimonios directos de personas que pueden mostrar en su propia carne el suceso. Así, cuántas más experiencias artísticas humanas se pudieran tener, más humanidad se podría tener… otra cosa es saber qué es humanidad, pero eso no toca hoy.

Hace falta destacar que el arte, hasta el Romanticismo, no deja de ser una imitación, comparable al artesano que sigue unas reglas, y aun siguiéndolas puede destacar porque es buen artesano, posee habilidad para modelar según las reglas de la época. Giotto es buen pintor, así como Miguel Ángel, etc. No eran creadores, como tales, sino imitadores de la naturaleza, artesanos que exponían facetas de la gran maestra de los hombres.

Con el Romanticismo, se llega a la conclusión de que el hombre crea realidades, es más, a través del arte puede transcender los límites naturales y equipararse a los Dioses, encontrar la razón subyacente del mundo, normalmente mediante los sentimientos. Como advertencia a lo que podría llevar semejante aseveración, sirva la frase de Fichte (de memoria y no exacta): no importa que un objeto artístico desaparezca porque es un medio para algo, en cambio que desaparezca un ser humano supone la ausencia de un quien digno, un fin en sí mismo para el que están -o deberían estar- destinados todos los objetos. ¿Verdad que recuerda otra frase tal que “El sábado es para el hombre y no el hombre para el sábado? El matiz cristiano –que Fichte defiende- es tal como “Ama y haz lo que quieras”, entendiendo que el amor no es un algo vacío o el simple estado anímico del enamoramiento –el cual Juanito, el sabio, definía como los primeros meses de atracción bajoventrual-.

Como habrán podido comprobar, la advertencia del filósofo sirve para toda nuestra época en la que el mismo hombre se ha estetizado y se ha convertido en un objeto de arte al que hay que reverenciar o bien idolatrar –léase cuerpo, propia vida llena de experiencias, etc-, en ese proceso creativo en el que todos nos hemos convertido en artistas, convirtiéndonos en un objeto. Si quizás hemos avanzado demasiado en el tiempo y alguien se ha perdido en este sucinto viaje histórico, sólo constatar que todas las vanguardias y sus investigaciones acerca de la esencia del arte sólo se pueden plantear cuando la realidad ya no es el modelo, sino que se trata de encontrar la esencia oculta de la misma realidad (los sueños o inconsciente en el Surrealismo, la máquina y la tecnología –velocidad- en el Futurismo, etc.) para poder crear arte. La realidad ya no basta.

De ahí que actualmente, con todas las investigaciones que se han llevado a cabo sólo cabe encontrar arte en las combinatorias posibles de técnicas artísticas, o bien en el ruido de los medios tecnológicos que pueden llegar a crear “música”. Claro está, el hombre no puede ser un artesano de las técnicas ancestrales sino que se ha convertido en creador. Y un creador puede ser una persona que haya recogido las facturas de todo un mes, las haya escaneado, pegado a un cartón mural, y vendido al módico precio de 25€ la tabla… ya lo dijo Marx, el trabajo es el origen de la riqueza.

Por último, comentar la definición de arte pictórico que me dio mi suegro, tras distinguir la técnica del estilo de un pintor, y comentarle que sus cuadros eran buenos –y no era peloteo, pero tampoco sé certeramente porqué sus cuadros son buenos-: “no, si te fijas bien, los cuadros son manchas que crean un efecto óptico, y a partir de ellas producir una respuesta en el espectador. Yo soy un buen pintor de manchas”. Atrévanse a pintar manchas con sentido (Van Gogh era un guarro y no limpiaba los pinceles). www.vaquerizo1947.blogspot.com

Si unimos ese puesto creativo del ser humano en el arte, a la entronización del ser humano como dueño de la naturaleza mediante la tecnociencia actual, tenemos que el hombre es únicamente creador de realidad y de verdad –tema que repercute directamente a la información, a la televisión como creación del mundo.

Todo ello nos lleva a que en el Romanticismo encontremos un cambio en la clasificación de las artes y de los artistas, es decir, cambian las clasificaciones clásicas, que se consideran anticuadas y adolescentes. Así pues tenemos que en este momento artístico, donde el hombre llega a su mayoría de edad, los artes más valorados son la música, que muestra la realidad del mundo, con su esencial movimiento -tempo- donde cada parte con su contribución efímera construye una gran sinfonía, (Nietzsche)-, o bien la novela, donde el autor es plenamente omnisciente y opera experimentos de tramas en sus obras (“Las afinidades electivas” de Goethe en la que se elabora una serie de encuentros según sus caracteres, o su inversión en “Niebla” de Unamuno, donde el personaje central se enfrenta a su propio autor en la trama narrativa).

En el romanticismo y posteriormente se adivina una característica muy importante para nuestro posterior análisis  de los medios de comunicación. La forma deja de ser estándar, establecida, sino que uno debe crear nuevas formas para expresar aquello que uno tiene en su interior, en su perspectiva. El artista es el mediador entre el mundo real y el mundo aparente, mediocre, cotidiano, y su forma de descubrir la realidad es mediante el entusiasmo, el sentimiento –no aun las drogas o el sexo, estas vías aparecen en el s.XX vía modas hippies y en el mayo del 68-.

Pero quedémonos con una característica importante: el arte siempre permite experimentar ciertas vivencias con las que nos sentimos identificados, y pueden darnos cierto conocimiento. Volviendo al anterior post: dependiendo de las imágenes o experiencias que en el arte se dejen transmitir yo conoceré un algo –concepto, valor, práctica, etc-

Hasta aquí se han mostrado las condiciones necesarias para poder entrar plenamente en nuestro análisis tanto de los medios de comunicación como también de aquello que transmiten.

Empezaremos por el siguiente principio, explicitado por MacLuhan, según el cual el medio no es un simple transmisor sino que es el que impone la forma, “el medio es el mensaje”. Nos quedaremos en la comparación entre Literatura y Pintura: en la primera hay movimiento, tiempo narrativo, mientras que en el segundo se concentra todo en una imagen, en un trozo material y espacial donde se expresa una totalidad –parcial-. Cada realización artística muestra su mensaje desde su materialidad que delimita la experiencia estética. 

En cambio, en nuestro actuales medios de comunicación la misma materialidad se convierte en el mensaje… Cada medio mide su poder de transmisión, y juega con él. Hemos asistido a la “televisación” de los medios escritos en internet, o bien en su “forma resumida” en cotidianos gratuitos. La radio permite más información transmitida, pero sólo en la oralidad, no se puede participar directamente… en cambio el periódico en internet se permite esa posibilidad. La televisión sólo permite, mediante la imagen y el sonido dar información. Pero a pesar de la “mixalización” de medios, cada uno posee su propio carácter: el periódico impulsa a la lectura, al análisis –aunque actualmente la calidad de los textos sea menor… sólo hace falta mirar los artículos escritos en “Triunfo”-; la radio permite la tertulia, un diálogo cerrado pero con más de un autor de palabra (aunque normalmente de la misma tendencia política, pero este hecho ya es ajeno al medio en sí); y por último la televisión, donde todo debe ser instantáneo y breve.

Es curioso que “informatio, informationis” en latín significa dar forma. Es decir, el medio no transmite información, sino que da forma a la misma. Ya no es cuestión de transmitir “la verdad” sino que a esta misma le da cierta forma: instantaneidad, visualización de la realidad presente "desnuda", con el único criterio de su brevedad y ser noticia, es decir, notable, meritorio de convertirse en "nota" y "aparecer": podemos estar comiendo y estar viendo la masacre en Gaza, y luego hablar tranquilamente del fútbol, desde el punto de vista que uno quiera, porque el que transmite “in-forma”, da forma a la realidad. Y en esa forma de hacer aparecer el mundo, de informar, se muestra un modo de ser el mundo. No existe la objetividad: parece ser que hoy en día la realidad, la “in-formación” depende de quién grite más, de quién tenga más difusión o audiencia –que depende de cosas como el talante, de que digan cosas que me gusten (¿recuerdan que estamos en la sociedad del “todofácil”?), de los premios que repartan, de si el presentador es guapo o no, de que difamen o no…-

Pero es que además, si el medio es el mismo mensaje, si los mensajes no pueden llegar de otra forma, la realidad aparece de tal manera, de esta forma, y muestra la realidad. La realidad que aprenden los niños, o que aprendemos nosotros está sumamente no mediatizada sino mostrada por estos medios. La realidad es tal “como aparece”.

Los formatos de los noticiarios muestran una vez más la sociedad en la que estamos, su realidad. En clase comentaba más de una vez si el siglo en que vivimos será recordada por si Eto’o ha marcado tantos goles o se enfada, o bien por las tasas de mortalidad por hambrunas en África. En cambio, el tiempo dedicado a los deportes acostumbra a ser un tercio del espacio, o bien un espacio aparte de media hora.

El medio permite conocer la realidad que me circunda. Pero no acepto que se pueda realizar la crítica desde el mismo medio puesto que es usar la misma perspectiva sesgada de la realidad. Se sigue en la inmediatez, en esa temporalidad fugaz que muere en la sonrisa y a la que mañana se la obliga a repetirse en un criterio… ¿No deberíamos salir de la perspectiva usual, incluso de nuestra mediocridad o aburrimiento para poder ir más allá? ¿Podemos ir contracorriente?

Claro está es que entonces puede ser que no te escuchen, no te entiendan, aunque creo que el gran problema es que no te lean. Porque a la sociedad del entusiasmo, de la juerga, del éxtasis, sólo le interesan esos períodos de exaltación, cuando la vida es más que eso, a veces es rutina, es trabajar cuando uno no quiere, es estar enfermo, es esforzarse por traer un sueldo a casa,… sí y también entusiasmo. Sé de alguien cercano que se fue a hacer las Américas por entusiasmo artístico pero que ahora debe costearse los costes trabajando de camarera.

Claro, alguien podrá decirme: ¿pero qué vale más una vida a tope en entusiasmos que una vida larga y sosa? La respuesta mía es si la verdad de la vida se halla en esas fuentes ocultas tras el alcohol, las drogas o vete a saber tu qué nueva fronteras que traspasar, perdiendo parte de la vida por una teoría que encontraron los Románticos en el s.XIX, y que ya muchos autores criticaron, pero que tuvo fortuna en nuestras latitudes, ¿por qué no puede ser mejor ir pasando etapas, aprendiendo de cada una, y acabar convertido en un apacible viejete?

Y por último… ¿por qué interesa que cada uno se sienta artista de su propia vida, se haga a sí mismo y exprese lo que lleva dentro, si no es para ser víctima y actor de un sistema de mercadeo de intereses que se venden y se compran?

 Imagínense a un Sócrates o un San Agustín defendiendo que la verdad y la felicidad uno las encuentra en su interioridad…