Cuando llegué a Lepe recién empezaba la discusión léxica entre los políticos acerca de la “crisis” o de la “recesión”. Mientras andaban en esas discusiones escolásticas, la realidad seguía por su cauce (algunos políticos se creen cual dioses: que sus palabras son cual realidades que se muestran en la realidad... otros incluso se llegan a creer lo que dicen).
Poco a poco, una de las arterias principales de circulación de la villa, no quizás la calle comercial principal pero sí un núcleo importante de actividad empezó a vaciarse de tiendas, reemplazadas ahora por locales vacíos y letreros anunciando “Se Alquila”. Ahora apenas quedan comercios en esa calle.
Me entristece una agencia de viajes, abierta cuando nosotros llegamos tras el verano para ponernos a trabajar ya los dos en Huelva –antes para casarse se buscaba a alguien rico, pronto van a buscar a un quien “simplemente tenga un empleo”-; decía que me entristecía particularmente la mencionada agencia de viajes, situada en la carretera hacia Huelva, porque coincidía con nuestro inicio del trabajo… sabíamos que era un poco arriesgada la empresa, pero me dije: “que no falte la ilusión”, porque a lo mejor les podía salir bien el invento. La semana pasada cerró… no, ni me había fijado en sus ofertas ni tampoco había entrado en el local, pero supongo que se convirtió en un grifo abierto de pérdidas.
Lepe es un pueblo de Huelva, bastante próspero, dedicado sobretodo a la agricultura de la fresa y luego, como toda España, enganchado al remolque de la locomotora tochonil. Esta locomotora se ha parado, además de desaparecer la especie “el préstamo sobre el 200% del valor de algo que aun no ha empezado a pagar y ni de lo que se es propietario”. Supongo que entenderán que se se ha seguido esta mecánica durante mucho tiempo y se realizan unas cuantas cuentas de la vieja, se llegará a la triste deducción de que nos hemos gastado lo que teníamos a diez años vista. Y si de repente, pues se tienen que pasar cuentas, la carestía es lo que queda.
Ya me lo dijo una persona mayor del pueblo, que seguramente si me ve me dirá, “nada de persona mayor. Yo soy viejo”: “no se podía hacer dinero sin trabajar”. Lo dice alguien que estuvo levantándose toda su vida a las cuatro de la mañana para ir a trabajar a la mar… y se acostaba a las diez de la noche.
Ahora en Lepe, inquieta un poco las reuniones de gente “ociosa”, por la tarde, en una de las plazas principales…
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