A menudo se considera a la filosofía, entre otras muchas cosas, como esa reflexión inútil, porque no sirve para nada en la vida cotidiana, y abstracta, pues trata con conceptos demasiado alejados de la realidad concreta. De esta manera se descalifica cualquier esfuerzo por realizar el ejercicio filosófico.
Estamos en una época en la que el tiempo manda. Me dirán que eso ha pasado en cualquier tiempo: el hombre vive en el tiempo donde se suceden una serie de acontecimientos cuyo conjunto denominamos “la vida de X”. Eso es verdad, pero no lo es el hecho de la vivencia de tiempo actual: que el tiempo se le considere cual oro, que éste deba aprovecharse y la definición de lo que se supone es aprovechar (proponer una serie de gozos, disfrutes y placeres para llevar a una vida plena), todo ello es diferente a otros tiempos.
La pregunta que se va a plantear a lo largo de este texto es porqué todas estas características de nuestra época. Ciertamente realizo una petición de principio al lector, y es el hecho de que me siga, de que me acompañe en la reflexión. No tan sólo para mostrarle, como bien decía Aristóteles, que incluso para negar la filosofía hace falta filosofía, sino para intentar aclarar un poco el pensamiento, tarea que proponía Wittgenstein a esta ciencia.
Antes de seguir hace falta mencionar el método que vamos a seguir. Primero nos fijaremos en el resto de ciencias. Cada ciencia opta por coger ciertas características con las que va a operar: por ejemplo, el caso de la matemática es la cantidad. Opera a partir de la cantidad, usa métodos cuantitativos y mediante ellos realiza su progreso. ¿Funciona la matemática? Sí, siempre que se aplique a objetos matemáticos. De igual forma la Física. Unos personajes que entre otras muchas cosas siniestras llevaron a cabo, los nazis, aplicaron el método científico de medida a la resistencia de corrientes eléctricas, frío, etc. en el cuerpo humano. ¿De ello es responsabilidad la física? No, esta ciencia funciona bien pero debe quedar claro que cada una de las ciencias parte de un método que delimita no únicamente su funcionamiento sino también la manera de acercarse a las cosas. Es decir, que en un estudio de Balística, importa poco el color de la bala, el sentido de porqué se lanza esa bala, la situación política, etc. siempre y cuando no sea útil para responder la pregunta de, por ejemplo, qué alcance va a tener un proyectil lanzado desde mil metros de altitud y con una fuerza de viento de ochenta kilómetros por hora en dirección contraria.
Visto esto hay algo que no debe obviarse: intentar aplicar conclusiones científicas a campos que no lo son. Intentar demostrar la existencia de Dios, por definición un ser infinito, no puede ser “verificado” por un método científico que encuentra evidencias empíricas, delimitadas por un espacio y un tiempo y que deben ser regidas por la ciencia matemática. Algo similar sucede cuando intentamos explicar la decisión ética mediante un conjunto de conexiones neurológicas de nuestro cerebro, o bien por impulsos sensibles. ¿De qué forma podrían alcanzarse los ideales, por definición objetos que no existen, a partir de realidades sensibles? Además admitiendo que algunos ideales suponen el sacrificio del propio individuo… ¿eso es posible porque mejora a la especie? Y entonces, por el lado perverso, Hitler, ¿qué mejoró de la especie?
Entendiendo pues que cada ciencia limita a su objeto y de ahí ella extrae sus propias preguntas y las posibles respuestas, ¿qué hace la filosofía, cómo funciona? La filosofía aparece cuando una civilización está lo suficientemente desarrollada como para plantearse ciertas preguntas acerca de lo que hay (habencia). No sabemos si en el Paleolítico hubo filosofía, posiblemente algún ser humano se planteó ciertas preguntas pero parece ser obvio que su respuesta fue religiosa. Cabe recoger el hecho de que no toda civilización desarrolla la filosofía.
Digamos pues, que la filosofía es una reflexión de segundo orden acerca de un saber. Aunque parezca mentira la matemática no se plantea qué es la cantidad sino que trabaja con ella, de la misma manera que ni la biología ni la física se plantean qué es la vida o qué el movimiento, respectivamente, sino que trabajan con ella. Ello supone que su delimitación conceptual de sus objetos posee ciertos prejuicios o preconcepciones. Es decir, que los objetos con los que la ciencia trabaja no son neutrales y ni mucho menos se corresponden con lo que vemos o tocamos: las fórmulas acerca del sonido poca cosa tienen que ver con el ruido que detectamos en nuestros oídos, no hay ninguna fórmula matemática en el mismo. Que toda la ciencia sirva para “vivir mejor” –haría falta ver qué es ese vivir mejor- no significa que sea verdad lo que afirma, sino tan sólo que funciona.
Supongo que entendemos que cuando nacemos, nada de esto está en nuestras mentes. Seguramente aprendemos a detectar el mundo mediante unos patrones perceptivos pero la forma de movernos en el mundo depende de su interpretación, es decir, de su conceptualización. El agua para el Hinduísmo y todo aquel que se considere creyente en esa fe religiosa tiene un significado muy distinto que para un obrero que trabaje en una depuradora.
Si para nosotros el espacio-tiempo es infinito no lo es así para un medieval o un griego. Y, tomen nota, que sea o no infinito no es evidente por sí mismo. Pero entender el espacio tiempo como infinito permite entender cada espacio como infinitos puntos… para un griego cada punto tenía dimensión y no había vacío, o si lo había era dentro de lo pleno. Igual que para nuestra cultura lo muerto, inerte o material es lo que predomina en el universo, para los antiguos era lo vivo, lo animado, lo vivificado, y eran a partir de estas categorías que explicaban el mundo. ¿Y por qué la realidad va a ser representable de forma matemática como su mejor modelo para explicar la realidad?
Alguien me preguntará el por qué voy tan lejos para empezar. Bien, para poder empezar hace falta entender que el suelo sobre el que fundamentamos nuestras certezas no es sólido sino que es provisional, en continuo cambio, y que tiene fisuras. Sí, para verlo, ya hemos tomado mano de la perspectiva filosófica, salir de la perspectiva de un saber para reflexionar acerca de él.
Pero, es que si se duda de todo…
Pondré otro ejemplo: las marcas y el consumismo. Estamos en una economía de mercado, ya que en esta economía todo lo que es mercancía (según Marx, el capitalismo es el sistema económico que convierte al objeto en mercancía), se puede vender en el mercado. Por la misma mecánica del mercado se debe consumir para que la economía funcione –la actual crisis, como todas las crisis de este sistema económico es debido a la sobreproducción lo que supone falta de demanda para adquirir productos (en este caso falta demanda porque falta dinero); nosotros compramos, es más, somos el dinero que tenemos: si uno tiene 1.000€ al mes, se comporta como una persona que cobra eso, y aspira a eso. Evidentemente, podemos jugar a dominar el gasto y vivir medianamente felices. Es cierto que los detractores del capitalismo pueden vivir dentro de su sistema como consumidores pasivos. Pero en general, uno se calma consumiendo, es el acto por el que todos nos reconocemos como seres humanos, como consumidores: a los denominados deficientes, una parte importante de su educación es que se sepan mover en el mundo, que sepan comprar, que tengan sus gustos, y un largo etcétera que le van a hacer feliz. Porque es así: “tu supermercado te hace feliz” porque te da lo que quieres.
El lector avispado habrá observado que existe un problema en el proceso de qué se convierte en mercancía y se pueda vender en el mercado… pero entonces, nos encontraríamos manejando derechos humanos, por ejemplo, y esos derechos requieren de una ética para poder hablar de ellos, siquiera defenderlos. Reducir la dignidad humana a economía es problemático cuando no peligroso.
Otra paradoja de este sistema es que curiosamente cuando uno hace publicidad le pagan por ello. Pero no siempre sucede así: la mayor parte de las personas llevan publicidad en un sector visible de su ropa pero paga por ello, paga para llevar esa prenda. Esa prenda que uno se pone, ¿se la pone porque le gusta o bien porque es de esa marca? ¿o le gusta porque es de esa marca?
En este ejemplo hemos partido de una situación pero hemos salido de ella para poder verla de lejos, distanciarnos y realizar un juicio. Hemos acudido a la ética… Todo esto no son más que ejemplos posibles de lo que denominamos filosofía, ese pensar acerca de las cosas que nos rodean.
Uno que no se haya cansado puede haber llegado a este punto y seguir excluyendo la posibilidad de pensar o de filosofar. En la vida, hay urgencias más importantes. La pregunta es si tras haber seguido este hilo de pensamiento uno puede adoptar el mismo estilo de vida, es decir, si su vida no le pide algo de coherencia consigo mismo.
Que el mundo actual se plantee como una vorágine de desorden, de inmediatez, de falta de seguridad, y un largo etcétera no significa que sea la única manera de vivir en él, tampoco que siempre sea así ni tampoco que sea la única verdad o conclusión de la historia. Estas afirmaciones son posicionamientos delante de la vida o del vivir.
Podemos aceptar que nacemos sin ningún contenido cultural y con un pequeño programa genético que nos permite poseer ciertas disposiciones como especie. A partir de ahí, el resto es cultural, aprendido.
Llegados aquí, sólo sigue el que quiera, y por tanto, se necesita de la libertad para suspender el propio juicio y para seguir un camino. Fichte decía que cada hombre tiene la filosofía encadenada a su manera de vivir… por decirlo de otro modo: todo es justificable racionalmente aunque no sé si es humanamente vivible. Hay un momento en que el especular se convierte en carne, se vive de la manera que uno piensa, o quiere pensar, o elige pensar, o no tiene otro remedio que pensar. Porque debemos atender a lo siguiente: es uno mismo el que piensa, el que está consigo mismo para reflexionar.
Por último una advertencia. Tras reflexionar sobre el asunto quizás no llegamos a una conclusión. Pero eso no significa no haber llegado a nada o haber perdido el tiempo, quizás sea no realizar una serie de juicios que a lo mejor no son tan ciertos como pensábamos o bien depuramos ciertos pensamientos acerca de los derechos humanos, o bien nos damos cuenta de alguno de nuestros errores.
Alguien dijo que la vida consistía en aprender…
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