Querría seguir con mi reflexión acerca de los medios, y alguna que otra observación al respecto de comentarios surgidos en el Facebook, donde cada uno habla desde lo que es o sabe que es (esta distinción, si me permitís, la abordaré en otro post en el que estoy reflexionando).
En primer lugar, querría que destaquemos una serie de conclusiones claras del anterior escrito del que éste es su continuación. La primera es la conversión del hombre en un “Homo aestheticus”, es decir, un hombre cuya finalidad última es la estética, palabra que etimológicamente se trata de la “sensación” (un hombre que vive de la sensación y para la sensación), y –siguiendo a Kant- cuya vida se guía por el fenómeno, aquello que aparece, reducible a cosa, a causa-efecto… y convertir en eso al hombre es convertirlo como objeto de cualquier experimento científico o de otra índole.
La segunda conclusión que me parece muy importante es que al reducir el mensaje al medio, fenómeno que creo que lleva a cabo todo arte al expresarse de cierto modo, tan sólo pueden aparecer una serie de "cosas" o realidades en los medios porque el resto está excluido. Aquí se debería matizar porque pareciera que la solución a nuestros problemas llegaría con la supresión de los medios, y esto no es así: existen películas, realizaciones de nuestros medios que transmiten y que van más allá del conocimiento fácil y “vago”. Sirva de ejemplo la película “Dolls” de Takeshi Kitano. Pero lo que sucede es que el medio está al servicio de la mediocridad.
Aquí aparece otra pregunta: ¿Es el medio al que hace la audiencia o la audiencia al medio? Creo que a los niveles de ignorancia existentes en nuestro país, es el medio el que enseña cómo operar a la audiencia, sobre todo en los estados madurativos inferiores.
Todo ello, y de esto va a tratar el post de hoy, obliga a hacer una reflexión acerca de qué experiencias quedan restringidas en nuestros medios, o bien que actitudes, maneras de operar desaparecen de nuestras pantallas.
En primer lugar, quiero mencionar el “publicitismo” al que estamos acosados los espectadores de cualquier cadena de televisión. Incluso aquellas que se consideran progres, teóricamente al servicio de los obreros y de la gente humilde, están repletas de publicidad de toda una serie de artilugios inútiles. ¿Hace falta recordar que yo mismo y algunos de los que nos leen en el blog, tuvieron una adolescencia nada traumática sin móvil y sin cónsola? Por tanto: todo se cura mediante el consumo, “y uno es feliz” tal como reza un anuncio al ahorrar en una cadena de hipermercados. Primera conclusión: no hay ninguna cadena que luche en contra del consumismo, es más, lo defienden, es la única salida posible a la crisis –aumentar la demanda, según el “estado de ánimo” según el nuestro presidente (es decir, según la ideología presente, antes de salir de casa, un casquete o una pajilla, y nada, con buen estado de ánimo a colaborar en la mejora económica de país).
Segundo: en las nuestras pantallas se enseña cómo ligar, cómo relacionarse y cómo conseguir el éxito. Programas como “DEC”, en el que la calumnia, el chismorreo, la posible importancia que puedan tener una serie de personas (gentuza o escoria social según algunos, yo mismo por ejemplo) y sus diversas acciones son el centro de atención –algunas de las cuales constituyen delito, pero en un país donde se aplaude al pícaro, al que engaña la ley, no hay otra manera de tener éxito-; “Mujeres y hombres, y viceversa”, donde se construye a merced del afortunado un harén para poder elegir a la pareja que le corteje mejor a uno, esto en pocas palabras viene a ser “esclavizar a alguien a los deseos de otra persona”, o bien se me aparece una gran colmena de abejas donde la reina decide qué zángano va a ser el afortunado para aportar la simiente y la continuidad de la especie (animalidad o animalismo, puro y duro); “Gran Hermano”, donde gana quien consigue engañar a la audiencia, esa gran masa que, como se equivoca Mercedes Milà, no tiene siempre la razón… en ese programa salen a relucir los problemas más viles, las gilipolleces más grandes, sin mostrar por ejemplo, alguien a quien le guste leer (están prohibidos los libros), alguien que quiera meditar –está prohibido “aislarse”- o nadie que no quiera ganar treinta mil euros no puede ser estudiado en ese “experimento sociológico” –engendro de estupidez-. Sólo concluir mencionando que “Big Brother” constituía un espanto para el escritor George Orwell en su obra “1984”, era inconcebible que alguien pudiera controlar la intimidad, pero cuando este control de mi actitud, de ese conocimiento de mí se hace público a la democracia, es válido… curiosa metamorfosis democrática.
Tercero: si los programas que realizan crítica fueran más allá, me parecería bien. Pero curiosamente, esos programas viven parasitando del resto de porquería audiovisual. La única manera de “cambiar” la televisión es o bien, no verla, o bien dedicarse a la visión de otras cadenas o programas interesantes –si los hubiera-. Al final, la publicidad tendrá que dirigirse a los programas de más audiencia para dedicarse a recolectar posibles consumidores. Aunque creo que es imposible, los programas son la excusa a la publicidad.
Cuarto: la cultura televisiva convierte a las personas en pasivas. Todo lo que yo quiera está a la mano de mi mando de televisión. Y es más, debe gustarme lo que vea. De ahí que la subnormalidad pedagógica reinante ponga a los profesores como animadores de aula, motivadores de los alumnos... particularmente creo que si alguien no se esfuerza, primero, que no joda en clase, y segundo, que la vida lo pondrá en su lugar.
Es falso aquello de que acerca de los gustos no existe nada escrito. Está escrito, y de bien pequeñitos nos dictan lo que nos debe gustar. Al final sólo se trata de elección de una actitud muy normalizada: comprar, y no sólo eso, quien no compra es imposible que sea feliz.
Hay otras experiencias que se pueden vivir:
a. Pasear por la playa meditando. Es gratis. Sí, nos deja solos con nosotros mismos... lo siento.
b. Leer un buen libro... sí, también es una actividad egoísta.
c. Me gustaría poder encontrar a auténticos ateos, que me pudiera contradecir la siguiente afirmación: si queremos poner a Dios en un experimento, queremos que aparezca como cosa ahí delante nuestro, “sólo reconocemos como real lo que se puede experimentar, lo que podemos tener en nuestras manos”. Me gustaría tener cara a cara al loco de la “Gaya ciencia” de Nietzsche (http://www.nietzscheana.com.ar/de_la_gaya_scienza.htm busquen el epígrafe número 125). Pero también se tiene que leer.
d. Pasear por una obra de arte y contemplarla. Por ejemplo, la Catedral de Tarragona como simple objeto de arte que intenta transmitir algo y responde a un momento de la historia. Recuerdo también mis paseos cerca de la muralla de Tarragona… me decía a mí mismo que por ahí habían pasado gentes hablando latín, quizás legionarios romanos.
Claro, me diréis que no se puede perder el tiempo, que se debe disfrutar, y un largo etcétera de concepciones acerca del tiempo y de la vida que ya excluyen cualquier otro tipo de experiencia, sobre todo las del tipo que requieren esfuerzo, interiorización, etc. Pero claro, la filosofía trata de ver las condiciones de posibilidad del mismo conocimiento, es decir, de acerca de lo que se sabe de lo que hay… pero eso ya necesita de “reflexión”, de entrar en uno mismo… ¡con lo fácil que es ir a comprar y olvidarse de los problemas!
¿Os dáis cuenta de que vuelve a surgir el tema de la falta de esfuerzo, de la comodidad? En la primera versión de la película "Rollerball" -la segunda es un engendro nefasto-, el protagonista reconoce: "hubo un tiempo en el que tuvimos que elegir entre la libertad o la comodidad".
2 comentaris:
Pienso que lo que comentas de la televisión está en completo cambio igual que los medios de comunicación en papel.
Pienso que las nuevas generaciones nos estamos acostumbrando a interrelacionarnos con lo que estamos viendo/leyendo. Es decir, una noticia la puedes leer en El País tranquilamente sentado en un bar. Ahora, si tienes un notebook puedes leerla en ElPais.es y dejar un comentario y debatir o expresar tu opinión. Sigues estando en un bar, o en tu casa, pero ahora tienes una conexión directa con los demás que están leyendola como tú. Creo que la pasividad de la que hablas va a empezar a decrecer en los próximos años. Creo que la generación que se emboba delante de la tele se está empezando a aburrir y está despertando.
Un programa ahora ya lo ves cuando tú quieres por youtube. Las noticias importantes te las envian y no te dicen en qué diario están. Creo que tú visión está un poco anticuada. No vamos a salir a pasear ni a mirar la fachada de la catedral, vamos a seguir como borregos (claro) pero menos pasivos.
Acerca del posible cambio de los medios en una mayor interactividad, no creo que cambie demasiado la cosa. La verdad es que uno de los medios más interactivos es internet, y no creo que con esa herramienta nuestro país se destaque por una mejor cultura general. Sencillamente en internet puede publicar todo el mundo, y normalmente no es que se use un lenguaje "adecuado". Además, los lugares más visitados o más usados no son más que medios para otras necesidades.
Claro, si por cultura denominamos la participación democrática de uno cualquiera, de cualquier forma y perspectiva... pues sí, somos más cultos. Pero creo que esos grupos de trabajo, que existen y que colaboran por internet, son minoritarios. La participación por la paticipación pues no me sugiere una mejora de la cultura cuando algún alumno (imbecilizándose de ideología tonta) sugiere que en clase se haga un debate acerca de la "célula" porque no está de acuerdo con la definición del profesor... entenderás que al sujeto se le dice que busque información acerca de las definiciones de "célula" y huye, alarmado por si acaso aprendiera algo.
De todas maneras, si hablamos de CULTURA no creo que Leonardo da Vinci fuera muy democrático, sino un esfuerzo de uno. Que en Internet haya colaboración técnica de mucha gente para hacer funcionar el invento, me alegro, pero eso es un medio técnico, y necesitará de auténticos "artistas" para que surja algo interesante.
Y por último, internet lo único que puede ser es un medio de transmisión de información, es decir, de lo que hay en nuestros medios... algo bueno se puede encontrar, pero no creo que la mayor parte de la gente se vaya a esos lugares desde un bar, o desde algún otro sitio. La mayor parte es bazofia, actualmente para tener al personal distraído porque la que está cayendo y caerá -lo mejor está por venir en la crisis bancaria- es de aúpa...
Pero en un país inculto como España, quizás el invento sale bien y funciona. Yo por si acaso, sigo estudiando y acumulando currículum para no quedarme con el culo al aire.
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