Cada uno habla de lo que puede, de lo que sabe o conoce.
En muchas ocasiones se ha dicho que la escuela y el maestro son los introductores al mundo de la cultura para los zagales en su etapa de formación. La cultura es aquello que permite universalizar el caso particular del ser humano para entrar en el concepto, en la definición y por tanto, inserirse en el mundo invisible de la interpretación. Cada cultura posee una interpretación del mundo, por tanto, conocer la cultura es capaz de saber leer sus ejes de referencia (el saber leer no es tan sólo el leer técnico, pasar la vista sobre un texto, sino saber de él.
En los actuales sistemas educativos, se parte de la inmediatez, de lo vivencial, que me parece correcto si se queda en eso, en la cortez de miras. Por supuesto que todo concepto debe tener su contrapartida verificada. En el conocimiento podemos distinguir dos fuentes: tanto experiencia como concepto (Kant).
Según lo dicho, podemos encontrar dos tipos de pre-conocimiento, incompleto, pero que se hacen pasar por conocimiento:
A. o bien aparece un concepto y se empolla, para lo que entonces estamos encerrados en una retórica estéril, cerrada sobre si misma, que únicamente se verifica sobre sí misma. Con este proceder se establece una "escolástica", no medieval sino actualísma.
Valga como ejemplo la escolástica pedagógica: "atención a la diversidad de cada alumno", teoría según la cual a todos los alumnos debe atenderse según su nivel de desarrollo. (Atención: no debe el alumno tender al nivel del profesor, sino al revés...)
-"Pues mire con 25 alumnos, como mucho se pueden hacer tres grupos de nivel"
-"¿Por qué?"
-"Primero, porque soy un profesor y me educaron para enseñar "algo"; segundo, no tengo tiempo suficiente para hacerlo; y tercero y último, además a usted le interesa más que rellene papeles de programación y evaluación, estadísticas que le sirven -tras manipularlas o pasarles el filtro de las competencias [saber salir de casa y volver, además de poder meterme en el mundo de internet y comprar -aunque sea sexo o amistad]- se quedan en número de titulados que salen de nuestros centros educativos, para más gloria de "nuestros democráticos presidentes" (...)
De todas maneras, no se preocupe, aquí se atiende la diversidad"
Conclusión es la siguiente: "se atiende a la diversidad porque en este centro escolar se atiende a la diversidad".
B. se tienen muchas experiencias concretas pero no se saben conceptualizar, y entonces todo queda en "la noche de los gatos pardos", la absoluta indiferenciación.
Pero llegado a este punto, la persona queda reducida a sí misma, y no a la razón, facultad que me permite entrar en el mundo universal del concepto, sino que quedo a merced de lo más propio de mí: la sensación -el placer y el dolor- con el subidón que proporcionan los instintos más primarios. Porque no hay que olvidar que las reglas de convivencia son reglas universales, es decir, para todos, y son "racionales", al menos en cuanto que han sido pactadas o aceptamos el pacto.
Una persona, reducida a si misma, a su sensualidad, tan sólo es capaz de hablar de ella, pero es ella que se convierte en criterio de vida. Si sucede de así, mi criterio se va a reducir a mis sensaciones, a poder estar bien o mal, sin pretender conocer porqué estoy bien o mal -ello implica el uso de mi razón, el esfuerzo, el dolor (¡qué grande es el mito de la caverna de Platón (http://www.webdianoia.com/platon/textos/platon_caverna.htm): moverse hacia el origen o la fuente de los fenómenos, de lo que se me aparece, ese preguntarse por algo es mirar a la luz, ser dueño de mí mismo y por ello DOLOR!)-.
Las sensaciones son variables, y toda mi existencia se verá encadenada -léase a Kant o a Aristóteles- a las sensaciones, a los placeres, quen nunca podré dominar... bueno, que nuestra actual civilización quiere liberar.
Si no se cumplen mis expectativas, tendré que buscar culpable, encontrar un chivo expiatorio.
Hoy en día nos caracterizamos por un odio al mundo que no cumple nunca nuestras expectativas, en tanto que en el mundo hay gente, "los demás" que son un impedimento a mi deseo. Nos vemos rodeados de un odio a los otros, con programas en televisión o bien actitudes cotidianas que los reflejan donde la envidia con aquellos que nos rodean es lo normal (ya que no puedo ser como el otro, lo difamo o actuando con resentimiento le provoco inexistentes problemas de conciencia (Nietzsche)). Por último, me queda aceptar dejarme llevar por la vorágine de placeres que me ofrecen: consumismo, tanto de tipo material, el más conocido, pero también de expresión de instintos (sexo, alcohol, drogas) y el de tipo espiritual (tener delante una serie de opciones configuradoras de mí mismo, como trajes de personalidad que puedo adoptar a cada momento -supermercado de "yoes"-.
Sí claro, todo es en busca de la felicidad... Todo ello no es más que un síntoma de la poca capacidad universalizadora, racional, de las personas que ejercen dicha actitud.
"Sapere aude"
PD: Me hace sonreír cuando se dice que la filosofía son elucubraciones abstractas sin aplicación a lo concreto.
PD. Seguramente trate en otro artículo el "derecho a ser infeliz o a no ser un pansexualista"
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