Ayer, en un Centro de Educación Primaria de Andalucía, durante un recreo en que los alumnos no pudieron salir al patio, los alumnos pudieron entretenerse en Internet.
La profesora que vigilaba a los alumnos de unos once años como mucho, no supo como reaccionar al descubrir que un grupo de alumnas estaba riéndose y divirtiéndose delante de una página pornográfica (la docente confiesa que a esa edad jugaba a la "comba" o bien intercambiaba cromos con sus compañeros).
Evidentemente, el suceso supuso una sanción para el grupo de "investigadoras".
Pero el motivo de la inserción de este hecho, una muestra más de la "sexualización" de la sociedad, es decir de toma de espontaneidad de la vida sexual de cada individuo, no iría más allá si una alumna en "prácticas" -aquellos alumnos de la universidad que visitan los centros escolares para insertarse en la disciplina docente- hubiera ya visto a esas alumnas... pero no dijo nada porque creía que la maestra autorizaba a esas visitas.
Esto último merece una seria preocupación además de cuestionarse la conocida máxima de nuestra sociedad: "cada uno puede hacer lo que quiera y realizarse a sí mismo, sin perturbar el derecho del otro a hacer lo mismo", aunque en ello se juegue la vida (Foucault, en su afán de buscarse a sí mismo murió de SIDA al dejarse sodmizar en los puertos de Francia, "traspasando los límites" ) o bien se convierta en objeto de uso, ya sea sexual, de consumo o de cualquier otra cosa que apetezca.
Se habla de "Educación sexual" como aquella educación integral de la persona; entonces, ¿por qué no se le puede llamar "Educación para el amor"? ¿O bien la sexualidad se pretende ver como un aspecto autónomo de la persona, individualizada y atomizada?
Yo, particularmente, defiendo que el hombre es relación.
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